[ESP] Historias de Sessho-Sekki & Sazama

Fanfiction : Tus Historias Sobre Las Familias & Batallas De Hymukai
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ajmendoza
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[ESP] Historias de Sessho-Sekki & Sazama

Post by ajmendoza » Wed Jul 04, 2018 3:29 pm

Esta es la historia que está escribiendo nuestro compañero @KokeKitsune (thank you very much) junto a su mujer y trata sobre los clanes Sessho-Sekki y Tsutsujiba. Él lo está escribiendo en inglés, pero es tan interesante que he decidido traducirlo para que la comunidad hispana también pueda disfrutarlo.

Cada uno de ellos escribe sobre uno de los clanes y van construyendo la historia y desde sus propios puntos de vista, por lo que el resultado está siendo un proyecto precioso y muy real, ya que son dos personalidades enfrentandose en la ficción para crear un relato conjunto.

Poco a poco iré añadiendo capítulos. Espero que os guste tanto como a mi.

Índice
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Capítulo 1 Un Recipiente Roto

Sessho-seki Hitoshi colocó suavemente su pincel de caligrafía al lado de la misiva que acababa de componer. La taza de sake junto al papel brilló a la vez que la brisa entraba en la habitación semiabierta. Arrodillado frente a la mesa baja y mirando a su cuidado jardín, Hitoshi había estado disfrutando de la aparición de los colores otoñales en los arces. Su respiración se detuvo brevemente cuando por fin se disponía a hablar. Después de un momento se recompuso y se volvió hacia los intrusos que se hallaban en habitación.

"Repite lo que acabas de decir". Las palabras salieron suavemente. Hitoshi no miraba a los dos hombres arrodillados. Sus ojos se deslizaron hacia el pasillo oscuro desde el cual el hombre había venido, la luz que aparentemente terminaba abruptamente desde esta habitación y se convertía en una fría oscuridad.

"Daimyo," tartamudeó el primer hombre. "Es... es como dije". Los ojos de Hitoshi se movieron hacia el hombre. Era joven, demasiado joven. Si, tras pensarlo un poco, lo reconoció como Nobuo, el hijo de Tadao, uno de sus vasallos y el hombre a la derecha del chico. Viendo el rostro pálido de sus vasallos, Hitoshi reconoció que el chico realmente estaba diciendo la verdad.

"Tu hijo, él está muerto".

*
"Hermana, ¡vete! No tengo tiempo para tus pequeñas disputas o cualquier cosa trivial que quieras presentarme hoy. Padre me ha pedido que revise las cuentas de koku para el año". Umeko hacía muecas detrás de su hermano, olvidando el pergamino enrollado que sostenía en sus manos debido a la brusca despedida de su éste.

"Sin embargo, esperas tomar las riendas de este feudo siendo como eres tan grosero, querido hermano". Ella hizo una mueca mientras miraba ceñuda a la forma alta y ágil de su hermano Kade. "Si hablas así, ninguna mujer será tuya y el nombre de las familias caerá en descrédito".

Kade suspiró y se llevó la mano a la frente. "Sólo dime por qué estás aquí, Ume". Obtuvo una mueca de su hermana como siempre, odiaba que la trataran como a una tonta. Empujando su mano hacia adelante, ella le mostró el el rollo.

"Esto, es de uno de mis informantes de la ciudad. Parece que Masaru está finalmente haciendo algunas incursiones con los nobles allí". Ella movió la cabeza hacia un lado mientras tomaba el rollo que le ofrecían antes de murmurar. "Nada que le interese a padre".

Kade desenrolló el pergamino y sacó con delicadeza la carta que contenía. La escritura era lo suficientemente familiar como para poder identificarlo fácilmente como la de su hermano Masaru. Las cosas progresaban sin problemas, incluso en estos tiempos difíciles. Sintiendo la presión sobre sus sienes, Kade miró a su hermana. "Mis disculpas, Umeko, ha sido una larga semana". Umeko refunfuñando todavía apartaba la vista de él.

"Quiero que sepas que no tuve nada que ver con ese asunto con Hisao y eso, mujer". Umeko visiblemente se estremeció mientras se disponía a hablar, Kade levantó su mano para detenerla.

"Nunca sospeché nada, hermana y todo ha sido tratado de la manera más silenciosa posible, lo último que necesitamos es que el padre se entere de las malas conductas de sus hijos". Umeko miró a Kade visiblemente molesta. "Sí, hermana, soy consciente de que fue más que una equivocación, pero hemos pagado a la familia y el cuerpo regresó a ellos. Dios quiera que haya sido un error honesto por parte de Hisao". Kade sintió como su rostro cambiaba para ocultar sus emociones sobre el tema, mejor que Umeko no supiera la verdad. Ella siempre había tenido una debilidad por su hermanito Hisao y saber que él era un asesino y, lo que es peor, que es alguien que disfrutara de ello, le rompería el corazón. Kade volvió a mirar los fardos de arroz. "Ahora vete antes de que te ponga a trabajar conmigo en las cuentas". La escuchó salir con gracia de la habitación y sintió que la presión en su cabeza regresaba con venganza.

*
La mano de Hisao tembló mientras la miraba, no había dormido durante días, o al menos así se sentía. Había habido tanta sangre. ¿Por qué ella le había empujado a eso? Hisao se acurrucó fuertemente en el piso de su habitación. Una nueva habitación, ya que lo habían alejado del anterior, la que tenía el suelo de Tatami manchado. Sus manos encontraron su cara nuevamente rascándose impacientemente en sus mejillas.

"Hermano." Ella había vuelto con su voz fría e imperiosa. Era hermosa, con el cabello recogido de manera adornada y su rostro delicado como un copo de nieve. "Levántate del suelo". Hisao todavía estaba acurrucado allí, mirando a Umeko con los dedos ociosamente rascándose la cara. Marcas rojas seguían su rastro sin llegar a atravesar completamente la piel.

"Hermano", ella estaba más tranquila esta vez. Inclinándose, ella le puso la mano en el hombro. "Se lo merecía. Te miró a la cara y era solo una hija de granjeros. Acabas de enseñarle una lección, eso es todo". Su rostro no se había movido en absoluto. Ella era de hielo, bellamente frágil por fuera pero fuerte, como si cuando tuviera poder sobre ti pudiera aplastarte a su voluntad. Hisao cerró los ojos deseando no ver a la pobre campesina ni la imagen cada una de las heridas que él le había causado.

*
"Muerto", la palabra colgaba como veneno en el aire.
"Cómo." Hitoshi dijo con calma.
"Fue derrotado Daimyo". Las cejas de Hitoshi se afilaron.
"Por quién."
"Un heredero al trono Señor". el chico parecía enfermo. Su padre parecía estar cerca de la muerte. Hitoshi apretó su puño en su regazo y la ira comenzó a pasar sobre él.
"Daimyo, te ofrezco mi vida a cambio de que mis muchachos no protegieron a tu hijo". Tadao estaba inclinado con la cabeza hacia el suelo, su hijo, temblando visiblemente, extendía una mano hacia la boca de su padre, que se abría y cerraba sin emitir palabra.

"Ignoraré tus palabras, Tadao. Muchacho, cuéntame rápidamente lo que todavía no me has contado. ¿Cuál de mis hijos está muerto?" Hitoshi habló enérgicamente pero aún silenciosamente dejó que la rabia creciera.

"Señor, Masaru…. era Masaru, lo siento señor". El chico se arrodilló hacia delante y tocó el suelo con la cabeza. "Debió haber dicho algo para ofender al hombre y, antes de darme cuenta, en el medio de la calle lo abatieron y me secuestraron. La única razón por la que vivo, señor, es para traerte esta noticia; de lo contrario, estaría en el matadero. El cuerpo de tu hijo yace en la ciudad esperándote, señor. Hitoshi regresó a su escritorio. El pincel y el papel seguían ahí, sobre la mesa, un punto de tinta que había sangrado del pincel. El sake llamó su atención de nuevo. Afuera en el jardín, una estática grulla miraba como el viento hacía susurrar las enrojecidas hojas.

"Mi hijo". Las palabras fueron poco más que un susurro. Hitoshi extendió su mano hacia la mesa. El mundo giraba alrededor suya. De repente, rugió de angustia. Lanzando los objetos fuera de la mesa se puso de pie y se volvió hacia los dos hombres inclinados. El pincel rodó por el suelo dejando una línea oscura y la copa de sake se hizo añicos al golpear la viga de madera en la pared. Un delicado tintineo y el aroma del sake llenó el aire. "¿Por qué estaba en la ciudad?" Una ardiente rabia consumía a Hitosh. El problema no había llegado a ellos, su hijo había traído el problema incluso a este remanso alejado de paz, donde él había pensado que su familia estaba a salvo de todos los problemas del mundo. Gritando incoherentemente otra vez, sacó su wazikashi de su cinturón. Los dos hombres se inclinaron para alejarse de su rabia, los gritos habían atraído a sus criados desde fuera de la puerta y ver las espadas al aire dibujó la confusión también en sus rostros.

"¡Traed, Kade!" Él les gritó. "¡Traed aquí, Kade, ahora!"

*
El agua que pasaba a través de los puntales del ornamentado puente hacia el santuario brillaba alegremente debajo de Fumiko. Su túnica roja y blanca era atrapada y arrastrada suavemente por la brisa. Su madre estaba de pie junto a ella mirando la tranquila escena.
"Kade dice que ha enviado a Masaru a la ciudad". Las palabras de Fumiko eran una pregunta hacia su madre.

"Sí, bueno, tenemos que seguir haciendo amigos incluso en estos tiempos, querida. Los clanes Nobles tienen que comer tanto como cualquier otro". Fumiko lanzó un suspiro a su madre y se volvió hacia el río. "Además, todos necesitan encontrar novia pronto. Esa es la verdadera razón Fumiko". Fumiko asintió sabiamente, sabía que no todos estaban destinados a vivir solos como ella.

"Bien, me alegro que lo entiendas, mamá, comencé a hacerme preguntas. Especialmente por Kade". La postura de su madre cambió al ver que sus temores eran ciertos. "No estás buscando una esposa para Kade ¿verdad?".

"Es un hijo obediente y un maestro burócrata. Pero él no es un líder. Le confiaría la organización de mi corte pero nunca le dejaría al cargo. El muchacho no tiene pasión." Su mano se asió del puente. "Masaru será el heredero y es solamente cuestión de tiempo que tu padre lo vea así". Fumiko, apartándose de su madre consciente de que su posición en el santuario la colocaba en igualdad con su madre, decidió ejercer su autoridad por primera vez. Mirando por encima del hombro a su madre, ella mostró sus su rostro de la manera más seria que pudo.

"Ten cuidado con los hilos que quemas Kyoko. Uno de ellos puede llevarte a una túnica de seda que no sabías que tenías". Fumiko se alejó de su madre hacia el segundo Torii que hacía de linde del santuario.

Kade se arrodilló en el frío suelo asimilando las noticias.

"No podemos decírselo a mamá". Kade habló bruscamente, para rápidamente silenciarse y maldiciendo internamente por su arrebato.

"¿Por qué crees que te llamé a ti en lugar de a ella?" Su padre hablaba con voz ronca por los gritos que había hecho. "Tu madre tenía grandes esperanzas en él". Kade asintió, siendo incluso más consciente que su padre de lo él acababa de decir.

"No puedo ir a la ciudad, donde uno de los nuestros ya ha sido derribado, lo que seguramente es un cebo para derrotar a nuestro clan uno por uno". Su padre asintió en silencio. "Necesitamos alguien independiente pero en el que podamos confiar para que traiga el cuerpo de Masaru de vuelta". Kade tamborileaba con los dedos en el suelo.

"¿De verdad eres tan cobarde Kade?" La cara de Hitoshi había envejecido por muchos años en el transcurso de un día. El hombre abatido que posaba frente a Kade no era el hombre que había llegado a conocer como su padre. "Si mi hermano hubiera muerto por la espada y no por el caballo errante de un caballo, hubiera movido a los dioses a la piedra para vengarlo", la voz de Hitoshi graznó. La pena no era propia de su padre, pero tampoco este aparente deseo de que Kade terminara su vida de manera violenta. Kade abrió la boca para responder, pero Hitoshi lo fulminó con la mirada y sintió que la reprobación moría en sus labios.

"Como pensé. Siempre el burócrata. Lloro por este clan cuando estés al cargo". Hitoshi se puso de pie y caminó hacia la puerta corredera que conducía al jardín. "La independiente que estás buscando es tu hermana que está en el santuario. Si no enfrentas este mal, entonces ella lo hará". Hitoshi volteó hacia Kade con una expresión de dolor fugaz en su rostro. Para Kade, pareció por un segundo que su padre se iba a disculpar con él, pero entonces una sombra oscura pareció caer sobre el hombre. "Prepara nuestro clan para la guerra Kade, llama a los hombres a las armas, notifica a los herreros y anuncia nuestra intención a los clanes vecinos. Al menos en esto sé que serás útil". Hitoshi salió corriendo en una ráfaga de túnicas, dejando a Kade boquiabierta ante la declaración que su padre acababa de hacer.

*
El gohei que adornaba la cuerda de protección alrededor de la piedra golpeó suavemente contra su superficie cuando una ráfaga de viento atravesó el santuario. Fumiko suspiró exasperada. "Es mucho más tarde de la puesta del sol, el santuario está cerrado". Decía al aire pues no veía a nadie, probablemente era otro joven de la aldea más cercana jugando al juego tonto de entrar furtivamente en el santuario trepando a través dell agujero en la roca para probarse ante sus compañeros. Ella se dio la vuelta esperando ver al chico corriendo por las puertas, en cambio un mensajero se paró frente a ella. Él se inclinó cortésmente y le ofreció el pergamino enrollado que llevaba consigo.

"El señor Kade me dio instrucciones para que te traiga esto inmediatamente, Dai ichi miko". Fumiko silenciosamente cogió el rollo fijándose en el nudo intrincadamente atado en la parte superior. Noticias, atadas de esa manera significaban malas noticias.

"Gracias, pueden irse. Si deseo responder a mi hermano, lo haré en persona". El mensajero se inclinó de nuevo antes de alejarse con calma hacia la puerta principal. Fumiko tiró una vez al nudo y sintió que se deshacía, el pergamino contenía las noticias para ella. Cerró los ojos y lo desenrolló respirando profundamente, su hermano no había usado ese nudo en mucho tiempo. Abrió los ojos y leyó sobre la muerte de su hermano y la tarea que le habían encomendado. Después de un rato, Fumiko se recompuso y quemó la carta.

Ella debía recuperar el cuerpo de su hermano, esta no sería la primera vez que tuvo una tarea similar, si no habríá guerra. La guerra cambia todo, incluso ella podría no estar a salvo en la ciudad con las estandartes al viento y la masa de tropas. Ella negó con la cabeza, le debía tanto a Kade ya que él siempre la había cuidado. Suspirando, empaquetó su equipo de viaje y se dirigió hacia los establos más cercanos mirando atrás solamente una vez al santuario, cuyas puertas había sellado y encadenado por primera vez en más de 100 años.

*
Un mes había pasado y el clima no había sido amable con la provincia de Sessho-seki. La nieve cubría el suelo, el aire frente a los lanceros soplaba con fuerza y la niebla empañaba la plaza exterior del castillo. Una gran pira estaba de pie en el centro de la plaza con el cuerpo de Masarus encima. Envuelto en su armadura ceremonial, ardía tan fácilmente como la madera debajo de él.

Hitoshi observó a su hijo y sus planes prenderse fuego; él también miraría arder las aldeas y las ciudades de aquellos que lo habían forzado a quemar a su hijo.

Kade se mantuvo a un lado de su padre, los dos habían hablado solo de asuntos militares desde el día en que se enteraron. Kade apoyaba su mano en la espada en su cinturón, pronto le mostraría a su padre que era algo más que un burócrata, los planes estaban ya en marcha.

Kyoko tenía los ojos fijos en la pira en la que su hijo estaba ardiendo. No le habían dicho nada hasta que el cuerpo de su hijo había regresado, eso dolió casi tanto como su muerte. Ella iría a los confines de la tierra y hablaría con los demonios si pudieran devolver a Masaru.

Hisao estaba en silencio, Umeko justo detrás de él. Su hermano siempre había sido un orgulloso de todos modos. O al menos eso es lo que dijo Umeko, él mismo no recordaba demasiado. Umeko puso su mano en el hombro de Hisao, tal vez esto era lo mejor, ahora Hisao podría probarse como un hombre en el campo de batalla.

Fumiko observó cómo el fuego que había puesto consumió los restos de sus hermanos en el mundo y rezó fervientemente para que este fuera el último de sus hermanos que debía quemar.

Un recipiente roto


continuará...

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Re: [ESP] Historias de Sessho-Sekki & Sazama

Post by ajmendoza » Fri Jul 06, 2018 7:44 am

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Capítulo 2 Un Carcaj Vacío

Un viento helado soplaba desde las montañas, barriendo el áspero paisaje de rocas dentadas que era la casa Sazama. Los carros y carretas se movían en una lenta procesión por los caminos de tierra, sus conductores se dejaban caer sobre las riendas, mascando tabaco tabaco mientras el viento intentaba quitarles la chaqueta o robar las llamas de sus pipas. El sol estaba escondido detrás de grandes nubes grises, sin prometer calidez ni alegría. Este era un espectáculo normal para la familia Sazama. No había nada grandioso en su hogar, sin embargo, este era su hogar, una casa lo suficientemente grande para su familia y con la suficiente tierra para escapar cuando fuese necesario.

Otro carro pasó rozando la barrera a medida que era abierta. El jefe de la familia, Yoshio Sazama, estaba de pie al lado del puesto de control, con sus diminutas gafas sobre la nariz mientras daba vuelta a una nueva página en su libro de contabilidad. Vestía un grueso kimono y un abrigo aún más grueso; nacido y criado en esta área, sabía muy bien cómo el viento podía atravesar el pelaje de un hombre y hasta calarle los huesos. Levantó la cabeza e hizo señas al próximo carro con un movimiento rápido de los dedos. El conductor instó a su robusto caballo a avanzar y la procesión de detrás avanzó con él.

"Esto tomará todo el día, Yoshio", se escuchó una voz áspera en el hombro de Yoshio. "¿No puedes apresurarte con tus comprobaciones?"

"Los otros puntos de control están cerrados con la gripe del verano, somos los únicos abiertos y permitiendo que pase la carga", explicó Yoshio, sin detenerse ni levantar la vista de su libro de notas. "Soy el único contador sin gripe de esta prefectura cualificado para realizar estos controles. Estoy trabajando tan rápido como puedo hermano, puede estar seguro de eso. ¿A menos que quieras convertirte en contable tú mismo?

El hombre detrás de Yoshio refunfuñó con disgusto; Yoshio no pudo resistir una pequeña sonrisa por su reacción. Tsuyoshi Sazama era su hermano menor aunque era más grande en estatura y circunferencia. Había sido un orgulloso guerrero para el Emperador, ganando todos los duelos, frustrando asesinatos, salvando a la familia real y permaneciendo como un leal servidor por más de 20 años. Su reputación seguía siendo un tema muy discutido dentro de la corte real, a pesar de su retiro de la política real. Se mantuvo alto y fuerte, su armadura aún reluciente y sus dos espadas bien pulidas en sus caderas. Yoshio agradecía la protección de su hermano, pero no de las miradas que éste aún atraía. Había rumores de que Yoshio había puesto deliberadamente a su hermano menor en el puesto menor de Jefe de Vigilancia como pequeña revancha por obtener un estatus superior. En verdad, Tsuyoshi se había ofrecido voluntario y agradecido el puesto, pero no es algo que mostrara a personas fuera de la familia.

Mientras se apretaba más su abrigo, Yoshio comenzó a revisar los documentos que un viejo conductor le había dejado en la mano. Todo parecía correcto; 4 cajas de pescado seco, 2 cajas de raso y seda, 1 caja de plumas de faisán y una alfombra hecha de piel más fina para la familia Momotai, presentes con la firma de su hogar. Tres vigilantes comenzaron a abrir las cajas para inspeccionar los artículos y sacar los documentos pertinentes que estaban sellados dentro para el eventual sello de aprobación de Yoshio. Era una tarea laboriosa, pero era la forma de vida de Yoshio.

"No me gusta que todos estos carros estén tan apretados", murmuró Tsuyoshi. Yoshio no necesitó darse la vuelta para saber que estaba flexionando los dedos a su lado. Estaba inquieto como siempre pasaba cuando aparecía demasiada gente en el puesto de control de Yoshio.

"¿Tal vez deberías hacer que tus vigilantes utilicen los señalizadores de tránsito para dirigir los vagones?", Sugirió Yoshio con una sonrisa, "¿o debería buscar el bolígrafo y el papel para ti?"

"El día que tome órdenes militares de ti será el día en que la luna se ponga verde", replicó el hombre áspero, con los ojos recorriendo la fila de carretas y sus chirriantes conductores.

Con un gesto de su firma, Yoshio hizo señas al conductor para que cruzara el puesto de control. La barrera fue levantada por dos hombres de la familia Iekogo (家 古語), quienes estaban criando con la casa Sazama antes de regresar al clan gobernante para continuar el entrenamiento. A Yoshio no le importaba que invadieran el territorio de Sazama; era una fuente lucrativa de ingresos después de todo. Él sonrió ante eso. Puede que no tenga el llamado "honor" como su hermano, pero podría alimentar cómodamente a su familia.

Su hermano se acercó detrás de él. "¿Dónde está Ryunoske?"

La cara de Yoshio miraba hacia abajo. Su primogénito...

"Practicando el tiro con arco", respondió Yoshio, hojeando la página de su libro.

"¿Yoshio, del clan Sazama?", Oyó una fuerte voz desde el otro lado de la puerta. Todas las miradas se volvieron hacia la voz que pertenecía a un joven de mediana estatura, vestido con el uniforme de un mensajero de la corte. Estaba sin aliento y sudaba profusamente; varios vigilantes arrugaron sus narices hacia él.

"Traigo una carta para el jefe de la casa Sazama", gritaba el joven de nuevo, sosteniendo en alto una pequeña flor de naranja en la mano, a la manera forma de entregar las cartas en la Corte Imperial. Quien haya enviado esto era importante.

Apartando su cabello negro del rostro, Yoshio separó a los vigilantes que habían detenido al joven y le hizo señas para que se acercaran. El hombre caminó rápidamente con su caballo a remolque, sosteniendo la carta cerca de su pecho.

"Soy Sazama Yoshio, jefe de esta casa ¿Quién me envía esa carta? ", Le preguntó al joven cuando estaba a un brazo de distancia. El chico no respondió, pero se inclinó respetuosamente y le tendió la carta a Yoshio para que la tomara. Sintió, que no escuchó, a su hermano aparecer a su espalda.

"¿Qué es esto?" Reflexionó Yoshio, mirando la carta. Estaba unido al tallo de un sayuri o más comúnmente conocido como una flor de lirio naranja, un símbolo que no reconoció. Escuchó a su hermano detrás de él jadear silenciosamente.

"Un mensaje para el jefe de la casa Sazama", repitió el mensajero rápidamente. Se mantuvo rígido, esperando ser despedido. Las cejas de Yoshio se arrugaron ante la carta mientras se volvía hacia su hermano. Lo giró varias veces, tratando de identificar el estilo del nudo y el papel, pero no pudo. Con un gesto de su mano, Yoshio despidió al mensajero, quien se inclinó rápidamente y montó su caballo con facilidad. Pronto estuvo galopando por la pista de tierra mientras Yoshio colocaba su libreta bajo su brazo y comenzaba a desenganchar la carta de la flor.

"Hermano ... espera hasta que estés dentro antes de leer esa carta", murmuró Tsuyoshi. Yoshio no lo había visto adelantarse. Estaba muy cerca, tan cerca que Yoshio tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para mirar a su hermano menor a la cara.

"Tengo mucho que hacer este día Tsuyoshi," contestó Yoshio, irritado por el extraño comportamiento de su hermano. Logró desatar el nudo y desplegó la letra pequeña. No tenía mucho espacio para maniobrar, ya que su hermano estaba muy cerca de él, por lo que tuvo que mantener la carta cerca de su cara. "Lo que sea que tenga esta carta no podría frustrar el di-"

La voz de Yoshio se ahogó y sus ojos se agrandaron. Leyó las palabras dos veces y dos veces antes de que la verdadera comprensión lo golpeara como un golpe en el corazón. Mantuvo el más estricto control sobre su rostro y sus emociones mientras bajaba el delgado papel que lo había partido en dos. Sus ojos se volvieron blancos y alrededor de él el mundo se volvió un poco más oscuro. Con una mano temblorosa, empujó el papel arrugado hacia el pecho de su hermano. "Confío en que sabrá qué hacer ..."

Tsuyoshi maldijo mientras miraba a su hermano irse. Sabía lo que decía la carta sin necesidad de leerla. Aplastó el papel en su mano y lo metió en uno de sus muchos bolsillos interiores, gritando que su segundo hombre no estaba a cargo de los vigilantes. El hombre saludó cuando Tsuyoshi pasó pisando fuerte, rechinando los dientes. Pronto encontró a los dos hombres que estaba buscando.

"Takeshi, Takumi, venid" llamó Tsuyoshi, viendo a sus sobrinos gemelos dejar sus puestos prácticamente saltando hacia él ansiosamente. Compartían la misma coloración y características; solo a través de sus voces Tsuyoshi podría distinguirlos vagamente. Saludaron a su tío con fuerza con admiración en sus ojos. Tsuyoshi rechinó aún más sus dientes.

"Debemos prepararnos para la partida. Necesito que recojais a tu hermano mayor y lo traigais aquí. Él también se unirá a nosotros en este viaje. "Las caras de los gemelos cambiaron de dicha a aprensión mientras escuchaban las noticias. Se miraron nerviosos y se movían incómodos en el sitio. Tsuyoshi les miró de manera seria pues no parecían dispuestos a obedecerle.

"No podemos hacerle entrar en razón", dijo uno de ellos finalmente.

"No nos hace ya caso".

"Solamente escucha a Tomoko. Él no permitirá que otra persona le visite mientras está practicando".

"¿Ella debe ir sola?", Tsuyoshi preguntó. Los gemelos se miraron el uno al otro y de nuevo a su tío. Esa forma de mirar tan irritante que solo ellos podían hacer.

"¿Debería preocuparse por su seguridad?"

Tsuyoshi no dio respuesta, en cambio se abrió paso entre ello y dió ordenes a sus hombres. Los gemelos se quedaron mirándolo antes de verlo perderse entre la maníacas carreras que se había apoderado poco a poco de los habitantes de la casa de los Sazama.

*
Con el corazón encogido, Tomoko abrió la puerta de la sala de práctica de su hermano mayor. Estaba oscuro por dentro, no se había molestado en encender ninguna vela sino que usaba la tenue luz del sol. Se puso de pie, con sus túnicas azules casi negras y su largo cabello recogido en una larga trenza. Su piel estaba pálida, tan pálida que Tomoko vio algunas de sus venas a través de ella. Ella se estremeció y cerró la puerta silenciosamente detrás de ella. Su tío la había encontrado momentos antes y transmitió las impactantes noticias. Ahora tenía que contarselas a su hermano que, por alguna razón desconocida, solo la dejaba entrar a ella en su sanctasanctórum.

Su hermano había cambiado. Antes se reía y era brillante, adepto tanto a su contabilidad como con el arco. Había disfrutado del sol y se unía a la familia para la cena. Ahora se encerraba en su habitación, rechazando todas las invitaciones a la cena y a salir al exterior. Su único propósito en la vida era la arquería. Ahora era tan hábil con el arco que Tomoko sabía que podía disparar a cualquier objetivo con los ojos cerrados. Su progreso fue ... antinatural. Ryunoske parecía antinatural. Asustaba a cualquiera que no fuera un pariente cercano e incluso su hermano menor, Osamu, no soportaba estar en la misma habitación.

Tomoko era consciente de todo esto, pero también era consciente de que era su hermano. Se mantenía erguido mientras apuntaba. En silencio, para no molestarlo, ella se deslizó hacia adelante y esperó hasta que disparó la flecha. Después de un largo tiempo en el que él aún no se había movido, ella se dio por vencida y se aclaró la garganta.

"Ryu, there has-" THUD. Las flechas se sacudían violentamente donde habían impacto. Su hermano miraba impasible el objetivo y tomó otra flecha. "Ryu, estoy hablándote. Escucha, por favor".

Sus ojos estaban fijos en el blanco mientras hacía una muesca en la flecha. Tomoko empezó a sentir escalofríos recorriendo su espina dorsal.

“Ryu”. El tiró de la cuerda hacia atrás y la levantó hasta la esquina de su mandíbula. El pulso de Tomoko se aceleraba. “Ryu!”. Él entrecerró los ojos al objetivo cuando un viento estridente cruzó la sala de prácticas.

“Ryunoske!” THUD

Una segunda flecha se estremeció al lado de la primera. La más leve de las sonrisas se dibujó en la boca de Ryunoske cuando retrocedió e inspeccionó su trabajo. Tomoko negó con la cabeza incrédula al hombre que era su hermano.

El habló de repente. "¿Qué quieres hermana?".


"Hemos sido convocados para combatir. Ha habido un incidente en el norte y hemos sido llamados para lidiar con los preparativos. El tío Tsuyoshi lidera la comitiva; todos los hombres sanos deben ir. Eso te incluye a ti, por lo tanto, tu boca con Teiko ha sido pospuesta hasta que esta situación se resuelva".

"Ya veo", Murmuró Ryunoske mientras finalmente apartaba los ojos del objetivo de tiro con arco. Tomoko trató de mantenerse fuerte mientras sus ojos depredadores se posaban en ella por un momento.Él dejó su arco antes de deslizarse de alguna manera por el suelo para llegar en un instante a su lado junto a la puerta. Antes de irse, el hombre se detuvo y se inclinó. Tomoko tragó con miedo, manteniendo sus ojos fijos en las paredes. Este era su hermano a quien había conocido toda su vida. El fue un buen hombre. Él no tenía un corazón oscuro. Él no era un asesino como se rumoreaba. No podía saber lo que ella estaba pensando…

"¿Tienes miedo de mí?" Le susurró al oído. Tomoko se apartó y se controló para no soltar sus verdaderos sentimientos.

"Yo ... me preocupo por ti", respondió ella en un susurro, temiendo que su voz fallara.

"Ya veo.".

La puerta se cerró detrás de su hermano. Tomoko liberó el aliento que había estado sosteniendo y se desplomó en el suelo.

continuará... `´`

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