[ESP] Clan Satomi (Kuge)

Fanfiction : Tus Historias Sobre Las Familias & Batallas De Hymukai
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AlbertMM
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[ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by AlbertMM » Tue Sep 04, 2018 8:11 am

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CLAN SATOMI
DESTINO INCIERTO

La noticia corría como una chispa por la pólvora. El Emperador había desaparecido. ¿Cómo podía ser eso posible? Iba con una guarnición entera hacia su retiro anual. ¿¡Cómo ha podido suceder!?

Lo días siguientes, al inesperado acontecimiento, fueron los más caóticos que recuerda Yasushi. Satomi Yasushi, de la casta de los Kuge, siempre supo cómo encarar los problemas, hasta ahora. Ninguno de los distintos clanes Kuge o Buke que se encontraban en la Capital Imperial supieron reaccionar. Algunos decidieron dejar la capital y dirigirse hacia sus tierras, otros permanecieron a la espera de nuevas noticias.


↞⊜↠


―¡Yasushi, deprisa, están llamando a todos los clanes! ―le instó Yamashiro Tanosuke desde el linde de la puerta. La voz de Tanosuke parecía agitada.

Yasushi, sorprendido, levantó la mirada de los pergaminos en los que estaba trabajando, todo burocracia mercantil. Miró a su amigo Tanosuke a los ojos y percibió la urgencia en ellos. Sin pronunciar palabra dejó el pincel en el tintero, se levantó, se colocó bien el haori y siguió a Tanosuke hacia el palacio.

En uno de los patios de entrenamiento de los cuarteles cercanos al palacio comenzó a llenarse de gente. Ahí estaban los Natsuka, Akizuki y Chiba de los Kuge; Mizuno, Yui, Nagao y Sagara de los Buke, eran algunos de los clanes que se habían reunido allí. Yasushi y Tanosuke se unieron pronto a ellos. Entre los presentes estaba Masaki Eijiro, el hermano de su esposa.

Yasushi apretó fuertemente a Eijiro por el hombro. Acercándose a su oído le preguntó con un suspiro. ―¿Qué es lo que está ocurriendo? ―Intentaba que sus palabras no transmitieran la inquietud que sentía en esos momentos.

Eijiro ladeó un poco la cabeza pero sin dejar de prestar atención al frente. ―Parece que están llegando varios emisarios desde distintas regiones de todo Hymukai. Hablan de revueltas y ataques a guarniciones ―le comentó.

―Cultos Sohei se están levantando en armas en algunos templos. ―La voz áspera pertenecía a Katsuro, el hermano de Yasushi, que se unió al grupo.

Ninguno de los cuatro intercambió ninguna palabra más y dedicaron todos los sentidos a la persona que estaba dirigiéndose a los congregados.

Quien hablaba vestía un kataginu de grandes hombreras donde se mostraba el emblema de la familia imperial; en sus manos sostenía varios pergaminos. Yasushi supuso que serían los informes recibidos por los distintos mensajeros.

El representante de la familia imperial informaba con voz clara y calmada. “Nos han llegado informes de que los wako han dejado de centrarse solamente en el mar y en la costa y empiezan a avanzar cada vez más tierra adentro”. ―Yasushi sin embargo pudo observar cómo le temblaban las manos mientras desenrollaba los distintos pergaminos. «Esto no acabará bien», pensó―.

“Varios cultos sohei proclaman que se acerca la noche eterna e instan a las aldeas cercanas a unirse a ellos. Los campos de cultivo quedan abandonados perdiendo así cosechas enteras”. ―El representante de la corte desenrolló un pergamino más―. “Grupos cada vez más numerosos de forajidos y bandidos acechan a las caravanas de comerciantes en sus rutas”. ―Guardó el resto de pergaminos en el cinturón pero siguió hablando―. “Las guarniciones locales no dan abasto en solucionar estos problemas. El consejo ha decidido movilizar y asegurar todas las regiones de interés. En el transcurso de esta semana daremos órdenes determinadas a cada taisho. Así que estar listos cuanto antes” ―terminó diciendo el representante imperial.

Tras estas palabras se escucharon algunos murmullos entre las personas que se encontraban allí. Algunos de asentimiento, otros de indignación.

―¡Ja! lo sabía ―dijo con interés Tanosuke. Enroscando el brazo en el cuello de Yasushi y dándole unas sonoras palmadas en el pecho, acabó diciendo entre carcajadas―. Llegó la hora de demostrar lo que valemos en el campo de batalla, amigo.

―Eso parece, viejo amigo ―intentó sonreír Yasushi―. Seguramente irán llamando a cada clan para dar órdenes determinadas. Nos vemos más tarde, Tanosuke.

La gente empezó a abandonar el lugar. Yasushi hizo lo propio, dejando a Tanosuke con Eijiro, quien parecía que estaba sufriendo el entusiasmo del primero. Katsuro siguió a su hermano.

―Parece que Tanosuke no ve las cosas como tú, hermano. ―Las palabras directas de Katsuro no tomaron por sorpresa a Yasushi―. Esta es una oportunidad para conseguir poder dentro de los Kuge, pero sé que tú no lo ves así.

―No necesitamos poder, hermano, lo que necesitamos es estabilidad; algo que perdimos con la desaparición del Emperador. ―Fue la respuesta de Yasushi a las turbias insinuaciones de su Katsuro―. Es muy posible que nos obliguen a mover a todo el clan y aliados lejos de aquí ―declaró señalando a cuanto le rodeaba con un gesto del brazo y la mano extendida―. A lugares que ahora mismo puede que no sean lo más seguro para mi familia ―dijo con desesperación en su voz―. Sé que tenemos la fuerza para poder recuperar y defender esas zonas, ¿pero por cuánto tiempo? Dudo que movilizar a los distintos clanes de golpe sea lo más prudente para la Ciudad Imperial. Hay algo que no me encaja en todo esto.

Siguieron andando juntos por las calles de la ciudad. Pasaron junto a un grupo de niños que jugaban lanzando sus menko contra los que había en el suelo. Se divertían desconocedores de las malas noticias que acababan de ser escuchadas. De algún modo eso reconfortó a Yasushi.

Pronto llegaron a la residencia del clan Satomi.

―Hermano, tengo que atender unos asuntos ―fue rápido en decir Katsuro antes que Yasushi empezara a empujar el portón de la entrada.

―De acuerdo, nos veremos en la cena. ―Los dos se despidieron agarrándose por el antebrazo. Yasushi vio como su hermano se alejaba mientras él cruzaba la puerta principal.

A lo lejos, en la sala que daba al jardín, vió a sus dos seres más queridos, su esposa Riruko y a su joven hija, Reiko. Con ellas se encontraba Nanami, la hija de su amigo Tanosuke.

Reiko y Nanami eran como uña y carne. Desde que nació Reiko, Nanami era casi su sombra. Han crecido juntas desde pequeñas. Convirtiéndose en más que amigas, como hermanas. Hace ya tres años que Nanami celebró su ceremonia de genpuku, este mismo año le tocaba a su propia hija, siempre que las circunstancias lo permitieran. La idea de que su hija crecía muy deprisa era un tormento para Yasushi.

Nanami estaba cepillando el pelo a Reiko, y Reiko a su madre. Se las veía hablar y reír, desconocíendo las malas nuevas. Ensimismadas con sus quehaceres y sus bromas, no se percataron de la llegada de Yasushiro; una de las sirvientas que las acompañaba le hizo una reverencia de bienvenida mientras pasaba a su lado.

―Buenos días, mi señor.

El saludo de la sirvienta pilló por sorpresa a Riruko. ―Oh, querido, no te hemos oído venir ―aseguró Riruko.

―Hola padre ―se alegró Reiko. Se levantó para darle un abrazo.

―Hola cariño, veo que no perdéis el tiempo. ―No dudó en devolver el abrazo el doble de fuerte.

―Sí, después de entrenar en el dojo nos hemos dado un baño. Después quise cepillarse el pelo pero lo tenía muy enredado, así que Nanami decidió echarme una mano.

―Muchas gracias Nanami ―dijo Yasushi.

―Reiko ha heredado la belleza de su madre, pero la cabellera indómita de su padre, me temo. ―Y en un arrebato de travesura removió los pelos de la cabeza de Reiko con la mano, volviéndola a despeinar.

―¡No, padre! Todo el trabajo con el cepillo arruinado. Ahora tendré que sufrir de nuevo los tirones de Nanami ―reaccionó con mala cara la joven.

Entre los refunfuños de su hijas, las quejas de Nanami por las malas críticas y las risas de Riruko por la situación, el corazón de Yasushi volvió a respirar aliviado, por un breve tiempo.


Continuará...

Last edited by AlbertMM on Tue Sep 04, 2018 8:11 am, edited 4 times in total.

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ajmendoza
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by ajmendoza » Wed Sep 05, 2018 7:36 am

Buah! que ganas de más! Gracias por compartirlo!

(consejo: al pasar la historia al foro deja doble espacio entre párrafos, es más fácil de leer).

vallina
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by vallina » Wed Sep 05, 2018 10:44 am

Me encanta!!!!!!!!!

AlbertMM
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by AlbertMM » Sun Sep 09, 2018 6:28 pm

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Era por la mañana. Yasushi anduvo hasta el dojo familiar. Desde fuera reconoció los gritos de esfuerzo de su hija. Reiko entrenaba cada mañana junto a Nanami, Seibei; el hijo de Kotobuki Takanori, y Mieko; la propia nieta del sensei que dirigía el dojo. El mismo sensei que entrenó a Tanosuke, su hermano Katsuro y a él.

Intentó entrar sin hacer mucho ruido y no distraer a los alumnos. Vio a su hija enfrentarse a Mieko. Ambas blandían un shinai, la espada hecha de bambú que se utilizaba para los entrenamientos. La nieta del sensei era un poco mayor que Reiko y su postura de defensa era mucho mejor que la de su hija. Ésta última, al percatarse de la llegada de su padre perdió de vista por un momento a su adversario. Mieko, viendo la oportunidad, no dudó en atacar y en un rápido movimiento golpeó el hombro de Reiko. Ésta trastabilló por el impacto y cayó al suelo dándose con el trasero, mostrando una queja de dolor.

―¡Reiko, levántate! ―gritó el sensei.

El hombre que Yasushi conoció hace mucho tiempo había dejado de tener el pelo oscuro y ahora una melena de color ceniza le cubría la cabeza. Su nombre era Kondo Bairei. Aunque todo el mundo lo llamaba “Kuma”, por ser grande y peludo como un oso. Pero dentro del dojo todos se dirigían a él como Sensei.

Bairei corregía a voces, como no sabía hacer de otra manera, la pérdida de concentración de Reiko, que seguía lamentándose sentada desde el suelo. Yasushi no pudo reprimir una sonrisa y recordar que él también pasó por lo mismo.

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―¡Yasushi, levántate! ―el grito sonó vigoroso, provenía de alguien de aspecto imponente igual que su voz. Vestía un kimono de color marrón pardo. Su rostro estaba cubierto por una espesa barba negra y en su cabeza se recogía en un moño una evidente melena del color del carbón. Todos le conocían como Kuma, por obvios motivos. Era el sensei del dojo.

Yasushi se rascaba la parte baja de la espalda por el golpe.

―¿Estás bien, amigo? ―Tanosuke le extendió el brazo para ayudar a levantarse. ―Me he dejado llevar por el momento ―no lo pudo negar.

―Sinceramente, aunque te contuvieras, el resultado sería igual de favorable para ti la mayoría de las veces ―reconoció Yasushi.

―¡Dejar de ser unos remilgados! ¡En una batalla de verdad el contrario no os pedirá perdón si os atraviesa el vientre! ―El Sensei permanecía al fondo de dojo con los brazos cruzados sobre el pecho y una verdadera cara de enfado en el rostro.

―¡Sí, Sensei! ―se apresuraron a decir los dos alumnos al unísono mientras hacían una reverencia a su maestro.

Desde una esquina del dojo permanecía una chica a la que la situación le parecía graciosa. Disimulaba una sonrisa tapándose ligeramente la boca con la mano, pues sabía cómo se las gastaba el Sensei si la pillaba. Se llamaba Otome.
A Yasushi no se le pasó por alto el descaro de ella. Incluso con la cabeza agachada la vio sonreír por el rabillo del ojo. Aunque sus padres ya lo habían prometido con la hija del clan Masaki, no pudo evitar que la inocencia en la sonrisa de Otome le produjera un cosquilleo en el estómago.

Otome se dio cuenta que Yasushi le observaba y rápidamente recuperó la compostura. Intentó enderezarse más de lo debido, a eso se le sumó el rubor cada vez más evidente en su rostro. Otome empezó a toser por la tensión. La nueva situación hizo que a Yasushi se le escapara una leve carcajada que provocó que Otome también riera entre toses. Pero todo fue observado por otros ojos, unos que destilaban incredulidad y severidad a partes iguales.

―¡Yasushi, Otome! Veo que todo esto os hace mucha gracia. ―El enfado del Sensei era muy evidente. La indisciplina era lo último que quería ver en sus clases y no dejaba pasar ninguna―. Bien, creo que ya tenemos los dos únicos voluntarios para limpiar el dojo cuando terminemos. Y una vez acabéis aquí ―dijo con el brazo extendido y haciendo un círculo con el dedo índice apuntando al tatami―, limpiareis de hojas el patio exterior y la zona de tiro ―señaló al exterior―. Y más os vale haber rezado suficiente a los Kami y que no caigan mas hojas después, porque pasaré a revisar el trabajo realizado ―acabó diciendo mientras apuntaba con el dedo hacia arriba.

Los dos volvieron a cruzar sus miradas, pero ahora para echarse la culpa el uno al otro.

―¿Lo habéis entendido? Porque no os he escuchado. ―La sombra en el rostro del Sensei iba aumentando con cada agravio en su dojo.

―¡Sí Sensei! ―contestó con voz segura Yasushi.

―¡Sí p...! ―Se dio cuenta a mitad de palabra, Otome quiso que la tierra la engullera ahí mismo.

―¿¡Cómo dijiste!? ―El rostro de Kamu estaba rojo de furia, parecía que en cualquier momento iba a estallar como un volcán.

―¡Per… perdón! ―consiguió decir entre titubeos mientras pedía disculpas con la cabeza―. ¡Sí Sen… Sensei, sí, perdón! ―Apretó los labios esperando el siguiente grito.

Viendo a Otome en esas aún más terroríficas circunstancias, Yasushi volvió a sentir el mismo cosquilleo de antes.

↞⊜↠

La arengas del Sensei alejaron los recuerdos de la mente de Yasushi.

Reiko ya se había repuesto y colocado de nuevo en posición. Su rostro volvía a mostrar serenidad, una de las principales lecciones de Kamu a sus alumnos. Hizo un amago de dar un paso hacia delante y Mieko reaccionó dando un paso atrás. Reiko fue ahora quien aprovechó el titubeo de su adversario y avanzó con la intención de golpear en el pecho. Su contrario fue más rápida de reflejos y pudo detener la estocada. Se sucedieron una serie de golpes. Parecía que Reiko tomaba la iniciativa y hacía retroceder a su contrincante. Pero poco duró y ahora era ella quien retrocedía mientras se defendía de los ataques de Mieko. Un intercambio rápido de paradas y defensas por ambas luchadoras. Se movía hacia delante una y hacia atrás la otra, cambiando los papeles una y otra vez. En el dojo todos aguantaban el aliento, sólo se escuchaba el entrechocar de las maderas y los pasos sobre el tatami. Cualquier otro ruido estaba ahogado por la expectación de la lucha.

Una chispa brilló en los ojos de Reiko. Un par de golpes con el shinai en el momento justo debilitaron la defensa de su contrario. Lo lograba, iba a ganar el combate frente a su padre. Pero volvió a subestimar la rapidez de Mieko. Ésta esquivó el ataque que le llegaba desde arriba, momento en el que aprovechó para balancearse a un lado y golpear el costado de Reiko, que soltó un quejido más de indignación que de dolor.

Ambas volvieron a su posición inicial y se saludaron, dando por finalizado el combate. Mieko advirtió rostro tenso de Reiko.
―Reiko, no debes creerte más lista que el adversario ―le explicó el maestro acercándose a ellas―. Piensas que vas dos pasos por delante pero es tu contrario quien va tres por delante tuyo. Todo es cuestión de serenidad y concentración. ¡Serenidad y concentración! ―Esas palabras sonaron extrañas saliendo de alguien tan grande como Kuma. Cualquiera que no lo conociera pensaría que su punto fuerte es la fuerza bruta, pero en duelo singular nunca hacía uso de ella. Sabía cuándo y dónde atacar son solo mirar a los ojos a su contrario.

Tras esta charla con Reiko, el sensei dio por concluida la clase de hoy.

Los alumnos se colocaron ordenados frente al Sensei y todos saludaron al unísono, después empezaron a retirarse.
Yasushi aprovechó para ir al encuentro de su hija. Entretanto se acercaba, observó como Mieko se aproximaba a su abuelo para hablar con él mientras éste ponía su enorme mano, pero con delicadeza, sobre el hombro de ella. Yasushi no consiguió saber de qué hablaban, pero vio como Kuma asentía con la cabeza. También reconoció a Seibei, primogénito del clan Kotobuki. Éste hizo ademán de dirigirse a Nanami, pero ella no lo vio, o quizás lo ignorara, porque se fue a reunir inmediatamente con Reiko, que permanecía quieta en el centro del dojo, con aparente rabia en su rostro.
Tras unos pocos pasos Yasushi llegó donde su hija.

―Hola cariño, siento que no hayas ganado el combate, lo hiciste bien, pero de las derrotas y los consejos del Sensei se puede aprender mucho. ―tuvo a bien decir Yasushi para animarla―. Yo a tu edad solía perder frente a tu “tío” Tanosuke. A él siempre se le ha dado mejor el combate, pero es tosco recibiendo órdenes. ―Hizo un guiño dirigido a Nanami, que estaba junto a Reiko, a modo de complicidad.

―Sí. Mi padre, aunque lo intenta, no es nada bueno acatando órdenes, ni las de mi propia madre ―contestó con modestas risas
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Reiko seguía sin reaccionar. Insistía en no levantar la cabeza.

―Dejando eso de lado ―empezó a decir de nuevo Yasushi―, ambas sabréis de la situación actual y de los cambios que se avecinan ―en ese momento hablaba a ambas muchachas―. De eso mismo vine a hablar contigo, Reiko. Quería decirte…
―No me hables ahora mismo, padre ―dijo de repente Reiko enojada, levantando la vista hacia su padre―. Esto es culpa tuya. No entrenas conmigo como lo hace Nanami con su padre, o Seibei con el suyo, incluso Mieko entrena después de las clases con su abuelo. ―El tono de Reiko iba aumentando conforme hablaba―. Todos entrenan menos yo. ¡Tú solo dedicas tiempo a toda esa burocracia que es más importante que madre y yo! ―Reiko hablaba con tal rabia que Nanami retrocedió sin darse cuenta.

―¡Reiko, eso no es verdad! ―contestó rápidamente Yasushi con un temblor en la voz―. ¡Sabes que sois lo más importante para mi en esta vida! ―Yasushi se acercó más con intención que abrazarla, pero Reiko lo apartó de un manotazo.

―¡Eres un mentiroso, déjame! ―gritó, y se fue corriendo.

―Perdonarla, en verdad no piensa todo eso ―quiso Nanami disculpar a su amiga por lo sucedido. Después salió corriendo tras Reiko.

―Lo sé, lo sé… ―suspiró abatido Yasushi.

La poca gente que quedaba en el dojo fue testigo de la bochornosa escena. Kuma miraba a Yasushi desde el fondo, junto a su nieta Mieko.

Yasushi se rehizo del agrio momento y se dirigió hacia Kuma. El sensei lo esperaba con rostro serio pero afable.

―Hola Sensei ―le saludó primero como acto de cortesía―. ¿Cómo estás Mieko? ―le dedicó una sincera sonrisa a ella―. Has estado muy bien en la pelea. Parece que pronto alcanzarás a tu abuelo.

―Gracias, pero no creo que llegue nunca a tal nivel.

―¿Cómo está tu madre? Hace tiempo que no la visito.

―Tiene días buenos y malos. Desde que le diagnosticaron la enfermedad apenas sale de casa. Si me perdonáis, tengo tareas que hacer. ―Agachó la cabeza a modo de disculpa.

―Dale recuerdos a tu madre Otome ―se apresuró a decir Yasushi antes de que Mieko se alejara por la puerta.

―Lo haré ―acabó asegurando ella mientras se alejaba.

―Bien Yasushi ¿qué te trae por el viejo dojo en presencia de tu viejo maestro? No creo que fuera por ver a tu hija luchar ―carraspeó Kuma.

―Es verdad que no he seguido mucho su entrenamiento. Los tratados y contratos mercantiles no son tema de un día y consumen la mayoría de mi tiempo, pero lo de antes…

―Deja eso para otras personas, es con tu familia con quien debes tratar esos temas ―le interrumpió Kuma―. Dime claramente a qué has venido.

―Tenéis razón Sensei. Ya sabéis de las revueltas y conflictos que asolan Hymukai en estos momentos de incertidumbre. La corte ha decidido que clanes kuge y buke al completo vayan a ocupar esas zonas y las refuercen para evitar males mayores. A Tanosuke, Katsuro y a mi, junto a varios taisho más, nos han mandado asegurar el paso por las provincias de Naname, Samui y Kanagawa hasta el mar. Empezaremos un contingente grande, pero se irá reduciendo conforme ocupemos esas regiones. Quería que nos acompañaras en esta campaña. Alguien como tú nos sería de gran ayuda ―terminó de decir Yasushi intentando adivinar los pensamientos de Kuma.

El maestro se cruzó de brazos.

―Sabes que no puedo ―negando con la cabeza―. Conoces la dolencia de mi hija. No se puede mover con facilidad por sí misma y no me pienso dejarla sola.

―Podría venir también ella. Prepararemos una carromato especial para llevarla. ―A Yasushi le parecía una gran solución.

―Aquí tenemos los médicos que mejor la pueden tratar y aliviar sus dolores. No nos moveremos. ―Las palabras de Kuma sonaban a un “no” rotundo―. Pero... Mieko quiere salir de los confines de muralla y ver mundo. Su madre aceptará que vaya con vosotros si la cuidáis como es debido.

Yasushi dudó un instante si ésa era una buena decisión.

―De acuerdo ―acabó aceptando―. Mieko vendrá con nosotros. De hecho quisiera que Reiko y ella se conocieran más. Ésta puede ser una buena oportunidad.

Tras esto, antiguo maestro y alumno se despidieron con afecto.

―Que los Kami os acompañen en vuestra travesía.

―Eso espero, Sensei. Pero por si acaso… reza por nosotros ―acabó diciendo Yasushi mientras abandonaba el dojo.

Fin del Capítulo 1
Last edited by AlbertMM on Sun Sep 09, 2018 6:28 pm, edited 3 times in total.

vallina
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by vallina » Mon Sep 10, 2018 10:19 am

Más, más!!!! Danos más!!!!

AlbertMM
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by AlbertMM » Wed Sep 12, 2018 10:32 am

Y sintiéndolo mucho, no me va a dar tiempo a enlazar el relato que estaba publicando con lo que está por ocurrir en la batalla de las freaks wars 2018. Pero no lo dejaré inacabado y en un tiempo escribiré todo lo que enlaza con este relato que cuelgo a continuación.

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La carta imperial

El día transcurría como cualquier otro. Reiko daba audiencia a los campesinos y señores de clanes vasallos que necesitaban consejo.

Un campesino con ropas amarillentas tenía la palabra. ―Mi señora, mis cerdos estaban enfermando y tuve que sacrificar a la mayoría para evitar males mayores. Solo me han quedado tres machos. Ahora mismo no dispongo de otros bienes para conseguir nuevas hembras. Le ruego que me ayude en estos momentos y se lo compensaré―. El hombre inclinó la cabeza al terminar de hablar esperando una respuesta de Reiko que le aliviara su desasosiego.

―No os preocupeis, ―empezó a decir Reiko― disponemos de algunas hembras a punto de parir. ―Dirigiendo la mirada a un par de sirvientes les dijo―. Acompañadle y dadle un par de cerdas.

―Muchas gracias mi señora, mi familia y yo os lo agradecemos enormemente. ―El campesino se fue alejando con una sonrisa e inclinando la cabeza una y otra vez.

―Agradecerme cuando volváis a tener vuestra piara. ―Acto seguido Reiko miró a su tío Katsuro que se sentaba a su derecha. Éste inclinó la cabeza a modo de aprobación.

La parte del shoin donde se encontraban Reiko, Katsuro y Nanami era amplia. Los shōji que dividían las distintas estancias habían sido sustituidos para mostrar el emblema del clan Satomi sobre un fondo de nubes. La pared frontal estaba abierta y se veía el jardín exterior con un pequeño estanque en el centro. Un par de sirvientes esperaban sentados cerca de una de las paredes a cualquier petición de Reiko.

En la siguiente habitación esperaba la próxima visita. Se trataba de Kotobuki Seibei, hijo de Kotobuki Takanori. El clan Kotobuki era una clan menor, vasallos de los Satomi. Se habían instalado al norte de Kanagawa a petición de Yasushi y se encargaban tanto de la protección de las minas de cobre como de su explotación. Últimamente las cosas no estaban yendo muy bien por esas zonas.

―Ahora mismo le recibirá ―le indicó un sirviente a Seibei. Éste estaba nervioso, aunque conocía a Reiko de la infancia, era la primera vez que tendría audiencia con ella como daimyo suyo. El sirviente empujó la puerta corredera mostrando la sala principal. Seibei se levantó y se encaminó hacia allí. Haciendo una reverencia con todo el respeto se sentó en el centro de la habitación frente a Reiko. Seibei se fijó en la compañía de Reiko, ver a Nanami ahí le aportó confianza. Tenía unos pocos años más que ella, de pequeños jugaron juntos en la Ciudad Imperial. Ahora ya era un chico algo y de espaldas anchas, había superado en corpulencia a su padre. Él le sonrió, ella disimuló una sonrisa mientras se ruborizaba levemente.

―Mi señora, es un honor poder pedir su ayuda y consejo, ―volvió a inclinar la cabeza hacia Reiko.

―Vuestra familia nos ha servido mucho años con dedicación, el honor es mutuo ―contestó Reiko con seguridad.
―Mi señora conocerá los rumores que acechan por el norte.

―Sí. Si estáis aquí me temo que serán más que rumores. ¿Me equivoco? ―se adelantó en decir.

―Por desgracia estáis en lo cierto. ―En el rostro de Seibei se dibujó una cierta tristeza―. Cada vez son más frecuentes y numerosas las incursiones que llegan desde las montañas; vienen a caballo, con brutalidad y rapidez. No les podemos hacer frente con facilidad, pues no atacan dos veces seguidas en el mismo lugar. El frío y las nevadas tampoco ayudan. ―Se notaba cierta sensación de culpa en su voz―. Nuestras guarniciones están limitadas y no damos abasto. Nos faltan hombres y desgraciadamente cada vez somos menos. ―Hizo una pausa a la espera de algún comentario sobre su relato. No hubo contestación, así que prosiguió―. Hemos sido incapaces de capturar a ninguno de estos extranjeros que vienen del norte. Recogen a los que conseguimos abatir y se los llevan de vuelta por donde vinieron ―terminó diciendo Seibei.

―Noto impotencia en vuestras palabras. ―por fin se decidió a decir Reiko―. No podemos dejar pasar estos ataques con impunidad mi querido Seibei. ―Reiko se volvió a dirigir a Katsuro, pero esta vez para hablarle―. Tío, ¿disponemos de alguna guarnición de la que podamos prescindir y mandar en apoyo al clan Kotobuki?

Katsuro sabía con certeza con cuántas guarniciones contaban y dónde estaban. De qué generales disponían en todo momento y dónde ubicarlos mejor. Esos eran rasgos que tenía en común con su hermano. Aún así, en el campo de batalla, Yasushi siempre fue mejor general.

―Ahora mismo podemos mover las tropas apostadas en la frontera sur con…―El abrupto correr de la puerta interrumpió a Katsuro.

Un hombre con ropas reconocibles del Palacio Imperial entró sin que los sirvientes lo pudieran impedir. Todos los presentes le miraron con sorpresa. Reiko le dedicó una mirada de indignación.

―¿A qué se debe esta intromisión? Estamos tratando asuntos importantes, hay vidas en juego. ―Reiko hizo notar su enfado hacia el nuevo llegado.

―Perdonar mi señora, pero este asunto tiene mayor importancia ―contestó el emisario con una reverencia―. Os traigo un edicto imperial. ―Reiko apretó los dientes al escuchar esas palabras. Desde que llegaron al castillo de Koichi en Kanagawa y se reforzó el camino hasta el mar, la Corte Imperial no les había prestado más apoyo. Ahora llegaban con más exigencias. El diplomático desenrolló el pergamino y leyó―. “La producción de arroz se ha visto interrumpida en la región de Îdo, los emisarios enviados allí no han regresado. Seguimos sin tener conocimiento alguno de los motivos del cese de alimentos desde esa zona. Satomi Yasushi, y ahora su hija Satomi Reiko, así como sus clanes vasallos, fueron obsequiados con el shugo de la región de Kanagawa por orden del consejo. Una vez más, pedimos al clan Satomi que acepte los deseos de la corte imperial y ceda una parte de sus tropas para enviarlas al kuni de Îdo. Una vez allí, explorarán la región en busca de indicios de lo sucedido, comprobarán el estado de las cosechas e intentarán descubrir lo sucedido a los anteriores emisarios.” ―Volvió a enrollar el pergamino que acababa de leer y se lo ofreció a Katsuro.
Katsuro echó un vistazo a lo que tenía entre manos y observó el nuevo sello del consejo regente. Dejó el escrito a un lado―. Hemos escuchado la petición de la corte. Enviaremos un destacamento al mando de uno de nuestros mejores generales. ―Un escalofrío recorrió la espalda de Nanami hasta ahora serena―. Comunicar que haremos llegar a la corte los detalles de los recursos disponibles antes del plazo estipulado ―acabó por decir Katsuro.

El enviado hizo una reverencia y se marchó por sin mirar atrás.

Antes que se cerrara la puerta por completo, Seibei se volvió a dirigir a Reiko―. Mi señora, el tema que estábamos tratando antes de…

―Lamento deciros esto, Seibei, ―dijo Katsuro antes que continuara― pero esos problemas del norte deberán esperar un poco más de lo debido. La corte nos requiere con prontitud y no tenemos tantos recursos para todos los frentes. Por ahora deberéis aguantar un poco más, no dudéis que lo solucionaremos. No podemos perder más hombres ni la explotación de las minas a manos de salvajes.

―Pero…―Seibei no pudo simplemente asentir.

―Por favor, marchaos ahora. ―La voz de Reiko sonó más profunda―. Mi tío ya os ha dicho que resistáis un poco más, no temáis que encontraremos una solución. Como os ha dicho, no podemos perder más hombres, hacerlo sería una estupidez. Pero por ahora volver al norte, allí seréis de más ayuda a vuestro padre, el señor Takanori, defendiendo la frontera. ―La severidad en el tono de la voz de Reiko y la seguridad en su mirada hicieron que Seibei tuviera que tragar para poder respirar de nuevo.

―Sí, mi señora ―consiguió decir sin que se notara indignación en sus palabras. Hizo una reverencia y levantó de nuevo el rostro. Seibei cruzó la mirada con Nanami, buscaba algo de complicidad en ella, pero ésta se la apartó. Ese gesto le dolió más que no conseguir la ayuda de la daimyo. Con algo de desgana se levantó y se marchó.

Uno de los sirvientes les indicó que no tenían más visitas esa mañana. Así que los tres se levantaron y se dirigieron hacia otra estancia más íntima donde poder tomar un té.

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Mientras los tres caminaban por el engawa acompañados por el sonido del shishi―odoshi al golpear la piedra, Reiko aminoró el paso.

―Tío ¿por qué aceptaste sin dudar la orden imperial? No podemos enviar tropas más allá de las fronteras sin perjudicarnos de manera importante. ―La seguridad que había mostrado Reiko en la sala de audiencias se tornó duda. Prosiguió―. Y la frontera norte está siendo atacada por un enemigo al que no conseguimos plantar cara.

Katsuro se detuvo y giró levemente el cuerpo para mirar a Reiko que había quedado rezagada.

―Hay que tener complacida primero a la corte. Da igual que sea el propio Emperador o un consejo de burócratas dirigidos por un cobarde que se esconde detrás de los muros de la ciudad. Llevarles la contraria nos supondría más pérdida que beneficio. Al final vuestro padre tenía razón. ―Una contestación tajante―. Por otra parte, creo que tenemos a la persona indicada para la función que nos requieren. ―Katsuro miró entonces a Nanami―. Vuestro padre últimamente tiene hambre de protagonismo. Parece que la protección de las aldeas costeras le viene pequeño.

―Mi padre es un hombre leal a la daimyo. Nunca puso en duda el puesto que se le encomendó ―contestó Nanami sin entender a qué venía tal crítica.

―¿Eso es lo que creéis? Según he oído, dice que luchar contra los wako es cosa de imberbes. Que sus habilidades están malgastadas en esa tarea.

―¿¡Cómo os atrevéis a hablar así de mi padre!? ―Nanami alzó la voz. El ambiente se caldeaba.

Reiko se acercó rápidamente hacia los dos.

―Tío, parar. No hay motivo para molestar a Nanami. ―Reiko dedicó una mirada de desagrado a su tío mientras sujetaba la mano de su amiga para calmarla―. Comprendo que Tanosuke se sienta menospreciado donde está, y lejos de su hija. Pero tenéis razón en que él puede ser la persona más acertada para estar bajo el mando de una milicia imperial. Y si hay batalla estará encantado de participar.

Nanami miró a Reiko con temor. Ésta le sostuvo la mirada y le cogió con firmeza las dos manos.

―Nanami, tu padre es de las personas más capaces de desempeñar un papel como éste. Desde que murió mi padre, su más íntimo amigo, no ha sido capaz de volver a ser la persona que conocías. Pero creo que esta oportunidad puede ser buena para su espíritu guerrero. ―Dibujó una leve sonrisa en su rostro.

El temor y las dudas de Nanami se convirtieron de nuevo en alegría al escuchar las palabras de Reiko.

―Tienes razón, últimamente no he estado con él, pero antes que se fuera hacia la costa ya estaba algo desapegado. Creo que le será bueno una pequeña aventura.

―Pues decidido. Tío, dispón de todo lo necesario para avisar a Tanosuke de su nuevo destino. Proporciona los hombres necesarios para que la corte real no se sienta decepcionada. ¡Ah! Y permite que Nanami y su padre disfruten de la compañía del uno con el otro durante todo un día antes de su partida. Eso les animará a ambos.

Katsuro asintió con la cabeza. ―Como queráis, mi señora. ―Y de nuevo con una reverencia se alejó de las dos muchachas que se quedaron paradas frente a una puerta entreabierta.

Reiko se volvió hacia Nanami con una sonrisa tímida.

―¿Qué te parece si entramos y jugamos una partida a shogi?

Nanami únicamente respondió con una gran sonrisa y un asentimiento rápido de cabeza.

↞⊜↠

Tanosuke no tardó más de un día en regresar a Koichi y lo primero que hizo al llegar fue presentarse ante Reiko.

Lo acompañaron hasta una sala menor del palacio donde estaban reunidos alrededor de una mesa: Reiko, Katsuro, Masaki Eijiro, Himura Yasunobo y su propia hija Nanami. Ésta se alegró al ver de nuevo a su padre.

―Bienvenido Tanosuke ―saludó Reiko al recién llegado―. Veo que os habéis dejado bigote, ¿a qué es debido ese cambio? ―Aunque ya sospechaba el motivo, quiso escucharlo de los mismos labios de Tanosuke.

―Es mi forma de rendir duelo a vuestro padre ―respondió éste.

―Os agradezco el gesto ―asintió Reiko con la cabeza.

Tanosuke, desde la puerta, consiguió percibir como Katsuro recogía de la mesa lo que le pareció un mapa y se lo guardaba dentro del kimono. Supuso que sería de lo que estaban tratando antes de que él llegara. No le dio mayor importancia.

―Fue una sorpresa recibir una carta pidiendo que regresara para una nueva tarea. Los días en la parte norte de la provincia se me estaban haciendo muy largo lejos de mi hija. ―Tanosuke dedicó una sonrisa sincera a su hija que ésta le devolvió.

―Sí, no hemos dado cuenta que fue un error el apartaros de su lado. Lo mismo que el enviaros al norte, donde parece que vuestras habilidades estaban desaprovechadas ―le respondió la daimyo―. Pero nos llegó una carta desde la Corte Imperial pidiendo nuestra ayuda en un asunto en Îdo. Mi tío Katsuro cree, muy acertadamente en mi opinión, que ésta sería una tarea perfecta para alguien como tú, “tío”.

Tanosuke no pudo evitar sentir un delicado tono de desdén en las palabras de Reiko, pero era su daimyo y la hija de su difunto amigo, debía tragarse su orgullo por respeto.

―¿Y de qué se trata, si puedo saber? ―mostró curiosidad y al mismo tiempo duda.

―Como he dicho, la Corte Imperial pide ayuda militar para una inspección en la provincia de Îdo ―repitió Reiko leyendo por encima el edicto que trajo el emisario―. Según dicen, los suministros de arroz de esa región han cesado y es necesario averiguar porqué. Nos piden apoyo y hemos pensado que seáis nuestro enviado al cargo de las pocas tropas que podemos mandar en estos momentos. ―Reiko intentó discernir qué estaba pensando Tanosuke en esos momentos, la expresión de su rostro no decía nada―. También os acompañará Koyama Gihei como vuestro subalterno. Es un joven general en el que tenemos grandes esperanzas. ―terminó diciendo Reiko.

―Mmm, creo que nunca he oído hablar del clan Koyama. ―El nombre no le sonaba de ninguno de los clanes vasallos de los Satomi.

―No es de extrañar ―le indicó Reiko―. Es el segundo hijo del clan Koyama de la región de Kumogakure. Se quedará con nosotros un tiempo como símbolo de amistad entre los dos clanes. Así que esperamos lo tratéis bien y le enseñéis todo lo que podáis. ―Reiko le dedicó una cordial sonrisa.

―Bien, si así lo desea mi señora, así lo haré.

―¡Oh! se me olvidaba comentaros otra cuestión. Mientras acabamos los preparativos para vuestra partida hacia Îdo, sería de mi agrado que pasarais las próximas horas con Nanami. Seguro que tenéis mucho que contaros. ―Reiko mostraba entusiasmo por reunir padre e hija de nuevo.

―Sí padre ―dijo por fin Nanami. Ésta se incorporó de un salto―. Vas a hacer un viaje largo y no hay tiempo que perder. Tengo mucho que mostrarte. ―Recuperó un poco la compostura y agachó la cabeza en dirección a Reiko―. Gracias por esta oportunidad de estar con mi padre, “hermana”. Si me disculpas…

―Por supuesto Nanami, cualquier cosa para que verte feliz. ―Reiko se volvió a dirigir a Tanosuke una vez más―. Disfrutar juntos este tiempo, los preparativos estarán listos en un día.

―Sí mi señora, gracias por esta nueva tarea que me encomendáis, no os decepcionaré ―Tanosuke hizo un reverencia―. Y gracias de nuevo por este tiempo para estar con mi hija, lo aprovecharé al máximo.

Nanami cogió a su padre por el brazo y ambos se fueron hablando y riendo.

Reiko y Katsuro despidieron a las otras dos personas presentes en la mesa. Una vez se quedaron solos retomaron la conversación.

―¿Está todo listo? ―preguntó prudentemente Reiko a su tío.

―Sí, tiene bien claro cuál es su verdadera tarea. No habrá ningún problema.

―Eso espero. No sería agradable que Nanami descubriera la realidad de lo que va a ocurrir. ―Reiko miró a la puerta cerrada, recordando el rostro alegre de su amiga momentos antes.


Continuará...
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AlbertMM
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by AlbertMM » Sat Nov 10, 2018 9:02 am

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La batalla de Îdo

El tiempo y el viento acompañaron durante toda la travesía. «Un símbolo de buen augurio» pensó Tanosuke desde la cubierta del sekibune.

Tanosuke era un hombre con los pies en tierra firme, no era amigo del mar y mucho menos de subirse a un barco. El temor a morir ahogado en medio del mar y que su katana no le serviría para luchar contra las olas le creaba una impotencia que le aterraba. Tenía que mostrar toda la entereza que pudiera, no permitiría que los demás se dieran cuenta, debía morir rodeado de los suyos en el campo de batalla. Se alegró cuando divisaron tierra, ya quedaba poco para saber cuál era la verdadera situación del porqué lo mandaban a Îdo.

Cuando estaban llegando al puerto de Îdo cerca de la desembocadura de un río, vio que alguien los estaba esperando, tres personas. A Tanosuke le pareció que una de ellas portaba lo que a lo lejos distinguía como vestimenta de la corte, los otros dos llevaban armaduras y naginata.

―¿Sabéis quién es?

Tanosuke miró a su lado, por un momento no reconoció la voz de la persona que le estaba hablando. Durante los días que duró el viaje por mar se había olvidado que Koyama Gihei le estaba acompañando en esta ocasión; otros asuntos más movidos le rondaban la cabeza. Por orden de su daimyo iba a ser el cuidador de aquel muchacho que no conocía de nada… Se propuso hacer el esfuerzo de darle una oportunidad al joven, si querían que estuviera bajo su mando puede que pensaran que tenía talento.

―No, se supone que no debíamos encontrarnos con nadie al llegar aquí, pero saldremos de dudas en breve. Hoshiko, comunica a las tropas que empiecen a prepararse ―se dirigió Tanosuke a uno de sus samurái.

―De acuerdo, señor. ―El samurái se alejó gritando órdenes al resto de la tripulación.

El puente del barco golpeó el muelle con un seco sonido, Tanosuke, Gihei y un par más de samurái fueron los primeros en desembarcar.

―Debéis ser Yamashiro Tanosuke, vasallo de los Satomi, como nos indicaron en el informe que recibimos. ―La persona que los recibía vestía una sugata, Tanosuke reconoció debía de tratarse de algún consejero, asesor o alguno de esos cargos políticos de la corte, a él le parecían todos lo mismo.

―¿Quién sois? ¿Sabéis qué ocurre aquí? ¿Por qué se necesita presencia militar en una región neutral?
El diplomático quedó sorprendido con todas las preguntas de Tanosuke, aunque parecía que en verdad le divertía.

―Jo, jo, jo ―se tapaba la risita burlona con un abanico―. Ya me habían dicho que erais un hombre directo y lo he podido comprobar de primera mano. ―Entrecerró los ojos―. Mi nombre es Shimomura Norihide y soy un simple enviado de la corte para comprobar que se cumplen los designios del consejo. Soy un simple supervisor. ―Y se volvió a tapar la boca con el abanico.

―¿Entonces dudan de mi competencia? No necesito que un político me haga de niñera, señor Shimomura. ―Tanosuke intentaba esforzarse para parecer lo más respetuoso posible, pero era notable su incomodidad.

―Sabréis que con vuestras tropas estaríamos incumpliendo un edicto imperial que prohíbe la presencia de fuerzas militares en esta zona.

―Eso me temo, pero se habrá informado a los demás clanes de los sucesos que están ocurriendo aquí. Si no encontramos una solución al suministro de arroz puede ocasionar graves problemas para todos ¿cierto?

―¡Oh, sí! Por supuesto que sí. No queremos problemas con los clanes Buke, los templos Sohei ni tampoco con las familias Otokodate, evidentemente. Están debidamente informados y nos dan su permiso para actuar en beneficio de todos. Simplemente no queremos que surjan… malentendidos.

La voz aguda del emisario ponía de los nervios a Tanosuke, y por más que quisiera no podía esconder su malestar.
Norihide comprendió la situación y evitó mostrarse ofendido para no darle el placer a Tanosuke, siguió hablando al ver que nadie más le replicaba.

―Creo que tenéis trabajo por delante ―comentó en un tono menos rimbombante―, así que no os quiero retrasar más. Si descubrís algún indicio de lo sucedido, desearía que enviaseis un mensajero para comunicármelo; estaré todo el tiempo necesario en mi embarcación.

―En el caso que encontremos la razón de este asunto, daremos por concluida nuestra tarea e iremos a informar a mi daimyo para que sea ella quien decida cómo comunicárselo al consejo ―contestó Tanosuke a las exigencias de Norihide.

―¡Tonterías! Soy representante de la corte imperial y en este asunto de máxima importancia debemos priorizar la rapidez. ―La aparente indignación elevaba aún más el tono de voz de Norihide.

―A quien obedezco es a mi daimyo, a mi clan. ―Fueron las últimas palabras de Tanosuke antes de ponerse a andar y dejar a Shimomura Norihide plantado donde estaba.

Y mientras se alejaba del lugar se escuchaba al diplomático decir la última réplica.

―Vuestra insolencia tendrá consecuencias. ―dijo alzando aún más la voz y agitando el abanico por encima de su cabeza.

―¿Creéis que ha sido lo más adecuado? ―Quiso saber Gihei mientras acompañaba a su general.

―Es un mísero chupatintas, busca la gloria sin levantar siquiera un wakizashi. ―comentó con indiferencia Tanosuke―. Seguramente haya venido por voluntad propia y quiera llevarse todo el mérito de contar a la corte lo que quiera que aquí haya ocurrido. Ahora debemos centrar nuestra atención en empezar a explorar la región. ―Se detuvo mientras inspeccionaba la zona del puerto―. Acamparemos tierra adentro ―señaló con el dedo hacia el interior de la región―, dar la orden a los hombres que nos ponemos en marcha.

Una vez hubieron terminado de desembarcar todo lo necesario, las tropas Kuge abandonaron el puerto siguiendo el curso del río. La geografía de esa zona aportaba una defensa natural, por un lado estaba el cauce fluvial y por el otro la costa. No esperaba encontrar oposición en esta misión, pero su instinto militar le hacía tomar todas las precauciones posibles.

↞⊜↠

Tras un par de horas de camino, Tanosuke decidió que se empezara a montar el campamento ahí mismo. Ordenó que comenzarán a instalar las tiendas y construir un perímetro con estacas, toda defensa posible siempre viene bien.

Una vez terminada la tienda del taisho, Tanosuke desplegó un mapa con detalles de la región. Estaban señalizadas las aldeas y los campos de arroz, también un templo budista más alejado.

Tanosuke mandó exploradores hacia los distintos poblados más cercanos y comprobar qué era de su habitantes. Varios asentamientos estaban cercanos al río y mantener siempre anegados los arrozales, a los jinetes no les llevaría más de un día ir y volver con noticias. Otros pueblos estaban a dos días de distancias, Tanosuke decidió no dar el siguiente paso hasta que volvieran sus hombres.

Las primeras noticias llegaron con el alba del siguiente día, un explorador llegó a la tienda de Tanosuke que ya estaba despierto y preparado para cualquier eventualidad.

―Taisho, el pueblo de Tenjima está vacío ―El soldado parecía abatido―. No había ningún rastro de los campesinos, sólo quedaban sus aperos diseminados entre las casas.

―¿No había nada que indicara qué pasó, ningún indicio de lucha? ―No le gustaba lo que oía.

―Siento las malas noticias, taisho, pero no encontré nada. ―El explorador se disculpó con una reverencia.

―No es tu culpa, ahora descansa, gracias por tus servicios. ―Tanosuke miró el mapa que tenía desplegado enfrente, tachó el dibujo que indicaba donde estaba Tenjima.

Ese mismo día llegaron un par más de exploradores con los mismos informes pesimistas. Las aldeas estaban vacías, además los campos estaban marchitos, hacía tiempo que nadie los cuidaba y se habían echado a perder las cosechas. Tampoco hubo suerte con los emisarios de la corte. Tanosuke esperaba que los explorados que fueron más lejos volvieran con mejores noticias.

El día transcurrió tranquilo, demasiado. Tanosuke iba comprobando hacia qué otros lugares iba a mandar nuevos jinetes cuando el revuelo se formó fuera de su tienda. Otro de los exploradores estaba regresando con gritos de alarma.

―¡Taisho, taisho! ―el hombre llegó al campamento con el corcel prácticamente exhausto.

―¿¡Qué ocurre!? ―Tanosuke salió corriendo al encuentro del jinete que aún seguía montado.

―Un ejército Buke se acerca desde el norte ―dijo alarmado el soldado indicando la dirección desde donde vino.

―¿¡Cómo!? ―Tanosuke no daba crédito a las palabras que acababa de oír―. ¿Qué hacen por aquí tropas Buke, qué pretenden? ―Se quedó absorto, meditando qué hacer.

―¡Deben ser los causantes de la desaparición de los campesinos! ―no dudó en decir Gihei―. ¡Tenemos que plantarles cara, si nos quedamos sin actuar puede que seamos los siguientes!

―Os veo muy seguro de lo que presuponéis, pero dar un paso en falso sería cometer un error fatal. ¡Atacarlos sin provocación sería una deshonra! ―concluyó Tanosuke―. Pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados.
―Dirigiéndose a uno de sus samurái de confianza, le ordenó que preparase a las tropas. ―Vamos a salir a su encuentro y saber qué quieren.

Tanosuke sujetó la katana y el wakizashi en el obi, se puso por encima de la armadura el jinbaori y se ajustó el kitihate en la cabeza, acto seguido salió de la tienda seguido por Koyama Gihei.

―¡Que los ashigaru avancen formando un frente cerrado! ―fueron las primera órdenes directas de Tanosuke―. Comprobar que los teppo estén cargados, pero ni se os ocurra disparar sin una orden o lo lamentaremos todos. ―La inquietud entre las tropas era palpable―. Gihei, acompaña a mis hombres, ellos saben qué hacer. Ante todo debemos mantener la calma.

El ejército Buke se acercaba, Tanosuke se subió a un pequeño montículo, suficiente para comprobar el tamaño del ejército que tenían enfrente.

―¡Arqueros, colocaros en el centro de la formación! ¡Las armas de fuego en los flancos! ―Quería estar preparado para lo que pudiera ocurrir.

Los Buke se detuvieron, debían estar a unos trescientos pasos. <<Demasiado cerca>> pensó Tanosuke.

―¡Señor, si avanzamos ahora podríamos dispararles con todo y esto acabaría antes de empezar! ―Gihei mostraba demasiada impetuosidad.

―¡Gihei! ―gritó Tanosuke―. ¡Un buen samurái debe conocer antes a su enemigo! Si atacamos sin ningún motivo y lo único que nos mueve es el miedo ¿de qué nos diferenciaremos de los bárbaros? ―El discurso no estaba únicamente dirigido a su subalterno, también quería que lo escucharan el resto de guerreros―. Te aseguro que nosotros…

―¡Taisho! ―Un soldado del flanco izquierdo le interrumpió.

―¿¡Qué sucede?

Entonces lo vio, otro ejército se estaba aproximando por el oeste y no parecía que fueran refuerzos de los Buke. Pudo apreciar las distintivas capuchas blancas, eran Sohei.

Un ejército Buke en el frente y un ejército Sohei llegando por el flanco, Tanosuke no se lo podía creer. Se supone que era tarea suya el encargarse de lo que ocurría en Îdo, nadie más debería estar por aquí.

La tensión se notaba entre las fuerzas kuge, debía tomar una decisión y rápido.

―Tenemos que saber qué quieren, hay que mandar un emisario a parlamentar ―fue lo que dijo Tanosuke tras meditarlo un momento.

Una samurái de la unidad de onna―bushi se presentó voluntaria para ello.

―De acuerdo ―le comentó su taisho―. Sabes a qué hemos venido y qué queremos, lo harás bien. Confío en ti ―le alentó Tanosuke.

Los otros dos ejércitos viendo el movimiento de los Kuge hicieron lo propio, mandaron a sus respectivos emisarios a un punto de encuentro entre las tres fuerzas.

A Tanosuke le incomodaba no poder escuchar lo que se debatía entre los tres enviados, debería haber ido él mismo, pero hubiera sido una imprudencia innecesaria. Sólo conseguía distinguir al guerrero buke gesticular con beligerancia, eso no le aportaba confianza.

De pronto un estruendo en la lejanía, el sonido llegaba desde el mar. Un fuerte impacto acompañado de una explosión golpeó donde estaban los tres emisarios, el guerrero Buke saltó por los aires; los otros dos enviados salieron corriendo aterrorizados.

―¿¡Qué ha sido eso!? ―gritó Tanosuke―. ¿¡De dónde vino el ataque!? ―lanzaba preguntas al aire, sabía que nadie le iba a poder responder. Cuando se disipó el humo y se asentó de nuevo el polvo pudo vislumbrar un navío mar adentro. No pudo reconocer ni la forma de la nao ni los colores de las velas, si no era un barco de las islas, ¿quiénes eran?

Otro estallido, el sonido de algo surcando el aire y una explosión entre las filas de los ashigaru. Cuerpos destrozados por el impacto volaban por los aires. La unidad armada con teppo y las guerreras samurái también sufrieron por el alcance de la detonación. Los ashigaru que quedaron vivos estaban aterrados, cubiertos de tierra, sangre y con quemaduras; Tanosuke les tuvo que gritar que mantuvieran la posición, aunque de poco servía tan pocos yari en pie.

Por suerte los Buke recibieron la colisión de un tercer bombardeo entre sus propias filas, de alguna manera eso alivió a Tanosuke.

Con el descontrol y la angustia que se generaron por este terrible suceso los soldados se agitaron, no sabían qué hacer. Debía suceder lo mismo entre los Buke y los Sohei, era un momento delicado y las malas decisiones podían cobrarse muy caras.

―Debemos mantener la calma ―gritaba Tanosuke a sus hombres―. ¡Unidad de disparo prepararos por si la hueste Sohei se nos echa encima, pero mantener las posiciones! ¡Flanco derecho avanzar hacia la costa! Sean quienes sean los del del barco deben pagar por tal injuria.

En ese momento pudo observar como desembarcaban fuerzas Otokodate, superando en gran número a su pequeño detacamento, afortunadamente parte de ese nuevo ejército se estaba dirigiendo hacia los Buke.

Y sin preverlo, una salva de flechas cayó encima de los desafortunados supervivientes de la unidad de ashigaru. El hecho de haber perdido más de la mitad de sus efectivos en el traicionero ataque desde el barco minimizó las bajas.

¡Estos sucios perros de la guerra! ¿¡Ahora nos atacan sin haberles provocado!? ―Tanosuke no daba crédito a los actos de los Buke―. ¿¡Pero no se dan cuenta que no hemos sido nosotros quienes han abierto fuego!?

―Taisho, es la ocasión perfecta para atacarlos, están dividiendo su ejército entre los Otokodate y nosotros. ¡Taisho! ―El aviso de Gihai llegó a oídos de Tanosuke.

―Por muy a mi pesar así debe hacerse, estos inconscientes están firmando su propia sentencia. ¡Arqueros, disparad!

La lluvia de flechas voló hacia las filas Buke, impactando en los soldados más adelantados. Apenas cayeron un par de samuráis, pero por lo menos retrasaría su avance. Tanosuke pudo comprobar como el flanco Buke iba a sufrir una fuerte carga por parte de los Otokodate.

Mientras las unidades Sohei se apartaban de la refriega entre los tres clanes, Tanosuke esperaba que se mantuvieran ahí y no se interpusieran en su camino.

―Las tropas Buke están muy diezmadas. ―Tanosuke veía como los soldados Buke iban cayendo frente al empuje Otokodate―. Gihei, dirige a tus hombres para hacer frente al ejército de mercaderes, ahora son el verdadero problema. Unidad de teppo, ¡disparad! ―En la voz de Tanosuke se notaba alivio y euforia al mismo tiempo.

Una pequeña columna de humo se desprendía de las explosiones de las armas de fuego, el aire se llenaba del olor de la pólvora. A lo lejos se desplomaba algún enemigo, aunque insuficientes para desmoralizarlos.

―¡Rápido, recargad! El próximo ataque les dará de lleno. ¡El resto, avanzar hacia el frente! ―ordenaba Tanosuke a las demás unidades de combate―. Si los Buke aún pretenden combatirnos, estaremos preparados.

Tanosuke empezaba a recordar cómo era una buena batalla. Agarró la empuñadura de su katana, deseando encontrar la ocasión de desenvainarla. Esperaba no haber perdido su destreza, los simples enfrentamientos contra los wako en el norte no suponían mayor esfuerzo que un entrenamiento en el dojo. En aquel momento recordó los duelos con su amigo Yasushi, que de algún modo se convirtieron en una tradición durante tanto tiempo.

Las tropas se movían por toda la zona: los Sohei aún expectantes del devenir de la confrontación; los Buke lidiando con los Otokodate cerca de la costa; mientras ambos ejércitos se acercaban cada vez más hacia las fuerzas lideradas por Tanosuke, que parecía más confiado que nunca.

Y sin previo aviso, la tierra retumbó y tembló. Los guerreros detuvieron sus ataques y vieron atónitos cómo un cuerpo cubierto por el polvo y deteriorado por el paso del tiempo surgía del mismo suelo en el centro de la batalla. Aunque portaba una armadura samurái desgastada, apenas recordaba lo que en otro tiempo podría haber sido un guerrero bushi, no era un ser de este mundo. La carne, o lo que quedaba de ella, así como la ropa, era todo jirones, sus huesos asomaban allá donde una vez hubo piel.

Su rostro no tenía expresión alguna, un brillo iridiscente emanaba de donde antes habían estado sus ojos. Los guerreros, aún dubitativos por esa aparición, observaban cómo el ser de aspecto lóbrego flotaba sobre el suelo mientras éste observaba el caos a su alrededor.

Por si ese nuevo invitado no fuera suficiente, entre las filas Sohei apareció una criatura descomunal, una criatura que desprendía muerte a su alrededor, una criatura llegada del Jigoku, se trataba de un shinigami. Tanosuke nunca había visto uno, mucho menos de tan cerca, sus hombres tampoco. Ambas apariciones causaron el miedo y terror entre los guerreros.

Cuando el temor empezaba a menguar por los nuevos reanimados, un grito ensordecedor cubrió todo el campo de batalla, algunos guerreros cayeron al suelo conmocionados, muchos otros se taparon los oídos a causa del dolor. A duras penas Tanosuke pudo entrever que el alarido venía de la criatura espectral que aún seguía inmóvil donde había aparecido.

Y Tanosuke vio cómo el horror se hizo realidad, aquellos que habían caído por los disparos de cañón y flechas se levantaron de nuevo. Cuerpos destrozados a los que les faltaba alguna extremidad, soldados calcinados por el fuego, personas que de ningún modo debían estar de pie volvían a sujetar sus armas para luchar de nuevo. Desprovistos de toda personalidad que hubieran tenido en vida se abalanzaron contra los que momentos antes eran sus compañeros de armas. Pero no solo ocurría entre los Kuge, también entre las fuerzas Buke y Otokodate se levantaban los muertos. Y los Sohei no se quedaron al margen, la unidad de teppo pudo ver como el shinigami que apareció entre los guerreros budistas empezó a atacarles, incluso algunos de esos monjes se volvieron contra los suyos.

Tanosuke no entendía qué estaba ocurriendo, ¿cómo podían los muertos volver a la vida? Ni en sus peores pesadillas hubiera imaginado un escenario tan espantoso y corrompido. Pero no podía permitir que sus aterradores pensamientos le nublaran el juicio, debía mantener la cordura frente a tanta angustia.

―¡Debemos mantenernos firmes! ―les gritaba a sus hombres―. ¡Sea lo que sea esta magia corrupta, tendremos prevalecer! ¡Es deber nuestro que aquellos que murieron descansen de nuevo en paz! ―Los soldados alrededor de Tanosuke se unieron en un grito de guerra, las palabras de su general les habían insuflado confianza y valor de nuevo.
Tanosuke volvía a impartir nuevas órdenes a las unidades.

―¡Gihei, los Otokodate están siendo masacrados por los cadáveres, lo mismo ocurre con los Buke, ahora tenemos otra amenaza!

Las palabras de Tanosuke hizo que la unidad de samurái liderada por Koyama Gihei detuviera su avance hacia las tropas Otokodate y se centraran en los enemigos que había surgido a su espalda. Tanosuke también se lanzó al combate contra los ashigaru revividos que estaban atacando a los arqueros.

Los samurái de Gihei, junto con Tanosuke que iba por delante suyo, cargaron a los cadáveres andantes. Los muertos combatían con todo: yari, espadas, a manos descubiertas, incluso a mordiscos; de cualquier modo con el que conseguir acabar con sus antiguos compañeros, ahora enemigos. La melé resultante fue una mezcla de gritos y golpes, alaridos y espadazos, el caos dentro del horror.

Los guerreros se enfrentaban a los muertos, algo que nunca hubieran concebido. El hecho de ver a sus antiguos compañeros destrozados, con miembros arrancados, ojos vidriosos y mandíbulas desencajadas hacía que alguno vacilara de miedo.

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Mientras el combate de Tanosuke y los revividos se encrudecía, los seres eran más resistentes que cuando estaban vivos, algunos caían pero otros aguantaban cortes y amputaciones de las katana.

―¡Debemos golpear más fuerte! ―gritaba Tanosuke a sus hombres. Pero levantó la vista y no podía distinguir bien quienes eran amigos y quienes enemigos, el combate era caótico, había perdido de vista a sus hombres.

―¡Maldita sea, esto tiene que ser obra del onmyōdō, algún brujo debe estar detrás de esta atrocidad! ―Tanosuke maldecía mientras cortaba en dos el esternón de un enemigo que luego caía al suelo―. Por lo menos vuelven a morir, espero que esta vez permanezcan…

Y de repente… “Detrás de ti”. La voz resuena en la mente de Tanosuke, algo o alguien, ¿sus propios reflejos, la voz de su amigo fallecido? le advierten. Tanosuke evita un golpe mortal, no sin sufrir un profundo corte en el muslo, de un nuevo contrincante. Pero cuando quiere observar el rostro del próximo muerto andante se da cuenta que no es una de esas criaturas.

―¿¡Gihei!? ―No cabe en su asombro―. ¿¡Has perdido el juicio!? ―le pregunta Tanosuke al joven.

―No, taisho ―responde éste sin ápice de duda en su voz―. Es hora de cumplir con mis órdenes, mis verdaderos motivos de venir hasta aquí bajo las órdenes de una vieja gloria. ―Nada en el tono de Gihei demostraba educación o respeto hacia Tanosuke.

―¿Quién te envía? traidor. ¿Acaso es el ingrato de Katsuro? ―Tanosuke pudo observar un atisbo de indignación en el rostro de Gihei, había acertado―. ¿Qué es lo que quiere conseguir con mi muerte?

―No importa quien te desee muerto y por qué, esto habrá acabado en un momento.

―Piensa bien lo que vas a hacer, es posible que tú tampoco salgas de esta situación de horror que nos rodea.

―Oh, que amabilidad por tu parte que te preocupes por mi bienestar, viejo. ―Las palabras de Gihei no podían contener más sarcasmo. Intentaba desestabilizar moralmente a Tanosuke, aunque bien parecía que no conseguía el efecto deseado.

Gihei se abalanzó sobre Tanosuke en un movimiento rápido, agarrando bien la katana con ambas manos realizó un golpe lateral; Tanosuke aunque herido, no había perdido los reflejos y pudo detener el ataque de Gihei. Las espadas chocaron sucesivamente entre ellos dos, ninguno conseguía la iniciativa; era una lucha muy igualada, uno tenía la agilidad de la juventud y el otro la experiencia de los años. Los combates entre vivos y muertos seguían a su alrededor y nadie parecía darse cuenta de ese duelo.

Por todo el campo de batalla se oían los gritos de los vivos que morían y de los muertos que vivían, si a eso se le podía llamar vida. Y entre todos esos combates se alzaba por encima de todo otro mal, el shinigami estaba destrozando a los monjes sohei con su poder. Por cada ataque de los monjes que recibía el ser colosal, éste consumía más almas que le insuflaban nuevo poder, aquella era una lucha sin fin. La unidad de teppo del clan Satomi recibió la orden de disparar a la criatura, los guerreros budistas estaban en la trayectoria y por desgracia también serían blancos de los impactos, pero los ashigaru no podían permitir que eso los devorara a todos. Abrieron fuego, la criatura rugió de dolor al recibir la salva de tiros, desafortunadamente también cayó algún Sohei.

El duelo entre Tanosuke y su supuesto subalterno seguía excluido de todo lo que les rodeaba. No quería que su adversario se percatara, pero el cansancio empezaba a hacer mella en el samurái más curtido.

―Parece que has llegado a tu límite ―consiguió decir Gihei con algo de esfuerzo entre jadeos, a él también se le empezaban a entumecer los brazos―. ¡Esto ya ha durado mucho!

Un rápido golpe de Gihei hizo tambalear a Tanosuke que perdió pie por un segundo y resbaló por culpa de la tierra batida. Cayó de rodillas apoyándose en el suelo con la mano que sujetaba la katana, estaba a merced de su adversario. Gihei vio la oportunidad perfecta y soltó un tajo vertical directo a la cabeza de Tanosuke, pero en el último segundo éste se apartó y la katana impactó en su hombro izquierdo. La falta de fuerza de Gihei hizo que fuera un corte profundo pero no mortal, la sangre empezó a salir en cascada por la hombrera y el peto de Tanosuke. Gihei quiso volver a levantar la espada, pero ésta había quedado enredada entre las placas de armadura y sus ataduras, cuanto más lo intentaba forzar más se enganchaba.

―Te dije que lamentarías tus acciones, Gihei ―las palabras de Tanosuke surgían de sus labios entre hilos de sangre, pero en su rostro se vislumbraba serenidad y certeza.

Con las pocas fuerzas que le quedaban levantó su katana del suelo y con una decidida estocada atravesó el vientre de su contrario desde el centro hacia el costado. Gihei esputó sangre sobre su adversario, soltó la espada aún atrapada en el hombro de Tanosuke y se desplomó de espaldas, soltando un último soplo de vida al golpear el suelo.

Tanosuke seguía de rodillas, sin fuerza, se le nublaba la vista y las voces y gritos sentía que se alejaban de él. A su alrededor los muertos volvían a yacer inertes y los guerreros que seguían en pie celebraban la victoria, pero tal triunfo fue un espejismo fugaz. Los muertos se volvían a levantar como si la batalla anterior no hubiera ocurrido, aunque el cansancio de las tropas era muy real. Pero a esos muertos se les unieron los últimos fallecidos en combate, entre ellos el propio Koyama Gihei. Tanosuke pudo comprender que ese era su final, no conseguía moverse; entre rabia y desconsuelo le vino el recuerdo de su hija Nanami de la que no se podría despedir y no volvería a ver. El cuerpo sin vida de Gihei, con sus intestinos mostrándose por fuera de la armadura, se acercaba katana en mano, lentamente hacia el abatido samurái. Viendo como levantaba el brazo con la espada, Tanosuke cerró los ojos esperando el golpe fatal. Pero el contacto frío de la espada nunca llegó, en su lugar el sonido de un cuerpo caer y el de un casco rodar por el suelo. Entreabriendo los ojos comprobó cómo el cuerpo de Gihei permanecía de nuevo en el suelo con la cabeza cercenada y en frente de Tanosuke se alzaba una sombra contorneada por el sol del atardecer.

―Hoshiko, cuánto me alegro de verte ―dijo Tanosuke entre dolores y desvaríos por la pérdida de sangre.

―¡Señor, debemos sacarle de aquí! ―Hoshiko se acercó a su taisho con la intención de levantarlo.

―No, no voy a dejar a mis hombres. Debo estar con ellos hasta el final.

―No podemos permitirlo. Alguien tiene que explicar lo sucedido aquí, este asunto de los muertos volviendo a la vida debe llegar a todo Hymukai.

―Ve tú, Hoshiko, eres valiente y sabes qué hay que hacer. A mi no me queda mucho más por hacer en esta vida.

―No, mi señor. Mientras luchaba contra los revividos, pude ver como Gihei le atacaba por la espalda. Perdonarme que no pudiera venir en su ayuda.

―No lo sientas, cada uno debía afrontar su propio reto, el mío fue soportar la traición. Y parece que ambos lo hemos solucionado por ahora… ―Tanosuke vio a su alrededor como se iban levantando cada vez más muertos, una y otra vez.

―No, taisho, no habéis acabado, aún tenéis la tarea de llegar al asunto que casi os arrebata la vida, debéis hacerlo por vuestro honor.

―No creo que salga vivo de aquí… ―Tras estas palabras Tanosuke perdió el conocimiento.

Hoshiko llamó a un par de samurái para que le ayudaran a llevar a su taisho hasta un caballo y atarlo a la montura para evitar su caída, no iba a permitir que muriera allí.

―Iros de esta lucha sin fin, nosotros aguantaremos a los muertos para que podáis escapar ―dijo uno de los samurái a Hoshiko.

―Que los kami y el taisho me perdonen por dejaros esta fatal tarea. ―La desesperación recorrió el cuerpo de Hoshiko.
Uno de los samurái golpeó la grupa del caballo de Hoshiko y éste se puso en movimiento arrastrando al trote el caballo donde yacía inconsciente Tanosuke. Se fueron alejando del campo de batalla en dirección al puerto, debía haber alguna barcaza pequeña que los sacara de allí; no podrían irse con el mismo barco con el que llegaron, no tenían los hombres necesarios para hacerlo navegar.

Y por casualidades de la vida, cuando llegaban al puerto donde empezó todo, Hoshiko vio como el barco del diplomático de la corte seguía atracado, con el personal de abordo preparando todo para zarpar en breve.

―Es nuestra única oportunidad, no hay nadie más que nos saque de aquí… ―murmuraba Hoshiko mientras cabalgaba hacia el barco―. ¡Eh, los del barco, dejarnos subir!

Algunos ashigaru se acercaron con los yari en mano para cortarles el paso. Por el lado de estribor se asomó Shimomura Norihide buscando el origen del inesperado revuelo que se formó en el muelle.

―Vaya, vaya, ¿venís a presentarnos un informe con vuestros avances? ―empezó a decir el diplomático con voz burlona.
En un primer momento solo se fijó en el jinete que precedía, segundos después se dió cuenta de quién iba en el segundo caballo y el estado en el que se encontraba. Se le borró de inmediato la diversión del rostro en el momento.

―Dejadles pasar y atended a ese hombre, que no muera. ¡Y por la emperatriz Suiko, acabad ya los preparativos y zarpemos, no quiero estar ni un segundo más estacionado aquí!

Tanosuke consiguió recuperar la consciencia unos segundos y ver como lo bajaban del caballo entre varios soldados, reconoció el rostro de Hoshiko entre ellos y con un poco más de esfuerzo pudo distinguir las ropas de aquel chupatintas de Norihide.

―Nanami… ―fueron las últimas palabras de Tanosuke antes de volver a desvanecerse.


Continuará en un destino incierto para Tanosuke...

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ajmendoza
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Re: [ESP] Clan Satomi (Kuge)

Post by ajmendoza » Sun Nov 11, 2018 9:18 am

Espectacular. Me encanta, muchas gracias Albert :)

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